¿Cuándo te viste a ti mismo en un espejo y pensaste: “Ya soy un adulto”?

A mí en lo personal, me pasó cuando tenía como 21 ó 22 años, cuando en medio de una actividad completamente ilegal, me detuve frente a un espejo y me descubrí a mí mismo “crecido”. El saber que si me agarraban haciendo lo que estaba haciendo, iba a resultar en consecuencias bien severas que iba a tener que enfrentar completamente solo, ayudo mucho a llegar a esa conclusión.

Con todo y mi descubrimiento de adultez, continúe operando (por varios años) después de eso como que había ciertas cosas que no funcionaban en mi vida o en las que yo fallaba consistentemente que, en mi cabeza, eran la absoluta culpa de mi mamá.

Por supuesto que también había identificado, para ese entonces, virtudes y aptitudes que me permitían ser exitoso en la vida y que obviamente eran mi logro propio y nada tenían que ver con lo que mi madre había proveído durante mis años de juventud.

Recapitulando, lo ilegal era ignorado, lo bueno era mi resultado y lo malo era culpa de mi mamá. Bonito ejemplo de persona que era yo.

Entre los defectos que acusaba a mi madre de haberme “enseñado” se destacaba la tremenda arrogancia y soberbia con la que me desempeñaba en casi todas las áreas de mi vida, con todo y eso, un día alguien me mostro algo y como cosa extraña, escuché con atención.

En un curso de superación personal (mismo que recomiendo de todo corazón) el facilitador  me dijo lo siguiente:

Cuantos años tenían tu mamá y tu papá cuando te tuvieron?”

– Como 21 o 22, le respondí.

“Ok” dijo y levantando la mirada, preguntó: ¿Hay alguien aquí en el salón que tenga 21 ó 22 años?

Un muchacho flaco y con mirada desorientada y una muchacha vistiendo ropa muy provocativa se levantaron.

“Mirá” me dijo, “Así estaban tus papás cuando te tuvieron, miralos bien, ¿vos crees que esas dos personas que están de pie tienen todas las respuestas en lo que respecta a criar un bebe y luego convertirlo en un adulto funcional…ya no digamos un médico exitoso?”

Me dejó callado, no pude hacer más que murmurar entre dientes: “No, no creo”.

Continuó diciendo: “El trabajo de tu mamá es parirte y hacerte sobrevivir hasta que podés valerte por vos mismo…todo lo demás que te ha dado, te lo dio por vocación y no por obligación”.

Como todo buen patán, nunca me había puesto a pensar en todas las horas que mi mamá se pasó estudiando raíces griegas y latinas conmigo (después de haber trabajado 14 horas seguidas en los dos trabajos que tenía para poder hacerla de mamá y papá al mismo tiempo) solo porque el niño decía que quería ser médico. Yo de veras que operaba como que todo eso que hizo por mí era su obligación.

El facilitador prosiguió: “¡Que fácil te resulta echarle a tu mamá la culpa de todas esas formas de ser que te disgustan (o que no funcionan)  y tomarte el crédito por las que producen buenos resultados!”.

Y fue ahí, en ese momento, cuando se me partió el corazón por completo. Lloré. Me quedó clarísimo que mis formas de ser (buenas y malas) son el resultado directo de mis propias elecciones y que cuando escogí alguna forma buena de ser, lejos de tener algún mérito propio, no eran más que un plagio descarado de un comportamiento de mi mamá.

Aún más importante fue descubrir que todos los aspectos más despreciables de mi personalidad y mi comportamiento, nada tenían que ver con mi mamá (ni con nadie más) y tenían todo que ver con mi falta de voluntad de ser responsable de mi propia vida y resultados.

Corrí a llamarle por teléfono a mi mamá y le dije: “Mamá, te llamo para pedirte perdón. Toda mi vida te he echado la culpa por lo que no me gusta de mí y nunca te he dado crédito por todas los talentos y oportunidades que tengo cuando debió haber sido completamente lo contrario”.

Una pausa.

Yo digo: “¿Mamá?”

Y ella se echa a llorar y me dice: “Yo solo te di lo que pensé que te merecías en cada momento y en cada momento me pareció que te lo merecías todo”.

Aun en fechas recientes me lo ha dado todo y aun en fechas recientes me ha dado ejemplos excepcionales de fortaleza y compasión. La señora todavía cree que yo me lo merezco todo.

Yo no sé si me merezco algo, todo o nada, lo que si sé es que yo soy completa y absolutamente responsable de mi propia vida y mis resultados…y que ese conocimiento, la oportunidad de tener ese conocimiento, el acceso a esa oportunidad y la vida misma en el marco de la cual todo esto ocurre, se la debo a ella.

Gracias mamá. Gracias por ser más de lo que me merezco y todo lo que necesito.

7 thoughts on “Ella dice que me lo merezco todo

  1. Por cosas como esta tu mama te ama tanto, por eso t apoya de manera incondicional? Cuantos hijos se toman el tiempo de darle valia a sus progenitoras? muy pocos. Estoy segura que le has retribuido con amor y atencion todo. Besos

  2. esta muy bonita tu nota, llega al corazon, tu mami se debe sentir orgullosa de tener al hijo que tiene, de saber que todo sus esfuerzos y sacrificios han dado fruto y que todas sus ensenanzas han hecho un hombre de bien….tu mami asi como la mia se deben de sentir satisfechas porque se graduaron de mama con honores….un abrazo cunis.

  3. No había leído este post hasta ahora y la verdad es que me pareció excelente, me pongo de pié. Me gustan mucho sus reflexiones, saludos y gracias.

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